Los diez nombres
Piensa en tus últimos diez clientes. Escribe al lado de cada uno de dónde salió.
De dónde salió exactamente. No "del boca a boca". No "supongo que de Instagram".
No te fíes de nosotros. Contéstalas tú, ahora, con tus números delante.
Piensa en tus últimos diez clientes. Escribe al lado de cada uno de dónde salió.
De dónde salió exactamente. No "del boca a boca". No "supongo que de Instagram".
¿Cuánto te cuesta conseguir un cliente? Un número.
Coge lo que gastaste el mes pasado en que la gente te conociera —publicidad, comisiones, la persona que te lleva las redes, tus propias horas— y divídelo entre los que entraron.
De los que te compraron hace un año, ¿cuántos siguen contigo?
Cuenta los que han repetido. No los que te saludan por la calle.
¿Has fallado dos? ¿Las tres?
Entonces lo tuyo no es un problema de marketing.
Es que estás decidiendo a ciegas. Y eso sale más caro, porque no se nota hasta que llevas años haciéndolo.
Piensa en tu mejor mes del año pasado.
¿Sabrías repetirlo? ¿Sabes qué hiciste distinto?
Casi nadie lo sabe. Y ahí está todo el problema: un negocio que no sabe por qué gana, tampoco sabe por qué pierde. Solo puede esperar a ver cómo viene el mes.
Gastas en traer gente nueva mientras los que ya te conocen se apagan solos porque nadie les dice nada.
Si no sabes qué te trae clientes, no puedes cortar lo que no te los trae. Así que lo sigues pagando todos los meses.
Meterle más dinero a algo que no sabes medir no es escalar. Es acelerar sin ver la carretera.
Así que no. No pierdes dinero al mes.
Pierdes poder mandar a paseo a un cliente malo. Pierdes contratar a alguien que te quite las noches. Pierdes cerrar el domingo y no mirar el móvil cada media hora.
Eso es lo que cuesta de verdad no saber de dónde te vienen los clientes.
Nadie monta un negocio para acabar siendo experto en marketing. Montaste esto porque sabes hacer lo que haces, y seguramente lo haces mejor que la mayoría de tu sector.
Lo que pasa es que hacerlo bien ya no basta para que te encuentren.
Y el que sí tenía que habértelo explicado te cobró 300 € al mes, no te enseñó un número en seis meses, y cuando preguntaste si aquello servía para algo te habló de alcance y de impresiones.
No "ha ido bien, no sé, habrá sido el tiempo".
Sabiéndolo. Entraron catorce. Nueve por un sitio, tres por otro, dos que ya te conocían. Y el mes que viene puedes repetirlo. Y el otro.
Eso cambia cosas que no aparecen en ninguna factura:
Nada de esto te pide echar más horas. Te pide saber dónde está la fuga.
Y no lo decimos para presumir del número. Lo decimos porque es la razón por la que media hora nos llega.
Cuando has abierto más de cuarenta negocios, dejas de investigar y empiezas a reconocer.
Las fugas se repiten. Cambia el sector, cambia el tamaño, cambia si vendes en una calle o en tres países. Pero son casi siempre las mismas cuatro o cinco, y aparecen en el mismo sitio.
Por eso no necesitamos tres semanas ni que nos des acceso a nada. Necesitamos media hora, tu negocio delante y saber dónde mirar.
De todos los negocios que hemos mirado por dentro, esto es lo que sabían de dónde había salido su último cliente:
De más de cuarenta.
Y todos ellos, absolutamente todos, creían que lo estaban haciendo bien.
No hay magia. Son cuatro pasos y van en este orden.
Miramos tu negocio como lo mira alguien que no te conoce de nada: qué encuentra cuando te busca, qué ve cuando llega, qué le hace quedarse o irse. Y miramos los números: qué entra, por dónde y a qué coste.
Buscamos por dónde se cae la gente. Casi siempre son dos o tres puntos, no veinte. Y casi nunca son los que tú crees.
Se arregla primero lo que más dinero devuelve por menos trabajo. No se empieza por lo bonito. Se empieza por lo que sangra.
Cuando aquello ya convierte, se le mete gente. Antes no. Meterle tráfico a un negocio que no convierte no es crecer, es tirar el dinero más deprisa.
Y te contamos el método gratis porque el método no es el secreto. El secreto es saber mirar, y eso solo se hace con tu negocio delante.
Te miramos el negocio por nuestra cuenta con lo que es público: tu web, tu tienda, tus canales, lo que está haciendo el de al lado. Llegamos con el trabajo hecho.
Videollamada, 30 minutos. Te enseñamos lo que hemos encontrado, tú nos cuentas cómo funciona aquello por dentro, y salimos con las dos o tres fugas gordas localizadas y ordenadas por lo que te cuestan.
Te lo llevas por escrito. Aunque no trabajemos juntos. Aunque decidas arreglarlo tú.
Te lo decimos ahora para que vengas sabiéndolo.
Hacemos la consultoría porque es la única forma de saber si podemos ayudarte y cuánto te costaría. Al final te decimos las dos cosas.
Si vemos que lo que te podemos aportar no compensa lo que vale, te lo decimos y nos ahorramos el tiempo los dos. No nos interesa cobrarle a alguien que no lo va a rentabilizar: se va a los tres meses y nos deja un cliente descontento por ahí suelto.
Si vemos que sí, te pasamos una propuesta con su precio. Y decides tú.
Esta es la razón de verdad por la que mucha gente no pide esta llamada. No es el precio, que es cero. No es el tiempo, que es media hora.
Es que prefieren no enterarse.
Se entiende. Pero fíjate en lo que pasa en realidad:
Ya lo estás haciendo mal en algún sitio, ahora mismo. Los cuarenta que hemos mirado tenían algo. Los cuarenta. Lo que cambia después de la llamada no es que empieces a perder dinero. Es que dejas de perderlo a ciegas.
Y no decidir también es decidir. Solo que esta se te cobra todos los meses y el recibo no te llega a ningún sitio.
No hay equipo de cuentas. No hay becario llevándote las redes. No hay un comercial que te vende una cosa y luego te la hace otro.
Por eso solo entran cinco clientes al mes. No es una técnica de venta: es que somos dos y queremos meternos de verdad en cada uno.
Y algo que no vas a leer en otra página de agencia: no somos los más baratos. Si lo que buscas es el precio más bajo, hay opciones más baratas que nosotros y no pasa nada.
Ya sabes que hay un número ahí dentro. Lo que no sabes es cuál.
Media hora y lo sabes.